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Antes de que diciembre nos arrastre a la vorágine de comidas y cenas pantagruélicas y con ello a la ya tradicional búsqueda de consejos para recuperarnos de ello, demos una mirada profunda y honesta a cómo nos hemos tratado este año 2019 que con tantas buenas intenciones comenzamos en enero.

Suena el despertador a las 7:00, preparas tu mejor traje y replanchas tu mejor camisa; eliges tu mejor corbata a juego y sacas brillo a tus zapatos. Te vistes pues con tu mejor atuendo. La ocasión lo merece: hoy firmas el contrato más importante del año y eso supondrá un aumento en las ventas de en 15% con respecto al año pasado. Te has levantado con mucho tiempo para poder repasar una vez más tu presentación antes de salir de casa; la has practicado decenas de veces, pero quieres estar bien preparado y lo haces una vez más. De camino a la oficina hoy recogerás a tus clientes en el hotel, así que ayer llevaste a limpiar tu coche para que todo sea perfecto. También encargaste a tu asistente que preparara la sala, comprobara la iluminación y probara por enésima vez el proyector. No tiene que fallar nada. Te vistes, recoges tu maletín con toda la documentación necesaria que ayer preparaste con esmero para hoy; coges tu coche y recoges a tus clientes. Ellos están impresionados con tu puntualidad, con tu presencia y con el trato que les dispensas. Llegáis a la oficina y compruebas tú mismo que todo está preparado y listo para tan importante ocasión. 

¿TODO? Y tú, ¿Cómo te has preparado tú?

Hemos tenido en cuenta todo lo externo: vestimenta, logística, tecnología, etc. Sin embargo, 

  • serán tus piernas las que te sostengan mientras haces tu presentación
  • serán tus oídos los que escucharan a tus clientes y tus ojos los que percibirán su comunicación no verbal  
  • será tu voz la encargada de hacer llegar tu mensaje
  • y será tu cerebro el que orqueste toda la reunión

¿Cómo has preparado todo esto? ¿Cómo has preparado, en definitiva, tu mejor recurso?

Esta  mañana has desayunado un café con leche y azúcar y unas galletas y con ello te has lanzado a por tu importante jornada de trabajo. Para cuando llegues a la oficina y comiences la reunión tu nivel de glucosa en sangre están bajo mínimos, y con ello tu capacidad de atención y concentración, tu estado de ánimo y tu energía. Como es habitual, compartirás con tus clientes un café al comienzo de la reunión, que si bien te devolverá momentaneamente parte de esa energía, en los siguientes 45-60 minutos te encontrarás aún más falto de ella, al caer de nuevo en picado tu nivel de glucosa.

Y así te enfrentarás a tu importante reunión, para cerrar el contrato más importante de la temporada: sobreexcitado, falto de concentración y lento de reflejos. Y lo peor es que ni siquiera sabes que puedes sentirte de forma diferente. Lo has hecho siempre así y por tanto no eres consciente de que estás trabajando muy por debajo de tu potencialidad.

Como dijo Joseph Campbel, el privilegio de una vida es ser quien uno ES. Y la mayoría de nosotros no nos acercamos ni de lejos a quien podemos llegar a ser.

En neurociencia  esto se conoce como el “umbral ok”. El “umbral ok” es el Punto en el que detenemos el aprendizaje, buscando (de forma inconsciente) el equilibrio entre lo que necesitamos aprender o realizar y el esfuerzo aplicado. Esto funciona así para todo. Ese punto en el que nos quedamos, según Mariano Sigman, uno de los neurocientíficos mas destacados del mundo, no es el máximo, ni mucho menos. Es el punto en el que obtenemos lo suficiente, pero no el punto máximo de beneficio o excelencia.

En la alimentación, hemos alcanzado, de forma inconsciente, ese “umbral ok” en el que lo que ingerimos nos mantiene vivos, Pero, ¿eso es todo lo que los alimentos  pueden hacer por nosotros?

Comenzaba este post diciendo que comer mal es el primer peldaño hacia la mediocridad. La palabra “mediocridad”, etimológicamente, está compuesto por el vocablo medius que expresa “medio o intermedio” y ocris que significa “montaña o peñasco escarpado”, indicando así algo o alguien que se queda a la mitad del camino, sin alcanzar su destino final: la cima de la montaña. Y eso es justo lo que hacemos con nuestra alimentación: quedarnos a la mitad de lo que los alimentos pueden hacer por nosotros.

En las organizaciones saludables estamos empezando a incluir la alimentación como un recurso más para cuidar la salud de nuestra plantilla y evitar así las altas tasas de absentismo laboral que tenemos en España. La alimentación sin embargo es mucho más que un medio para mantener la salud: la alimentación es ese activo aun por descubrir,  es el eslabón perdido hacia la excelencia que nos ayuda a desplegar todo nuestro verdadero potencial, para salir de la mediocridad y alcanzar así la mejor versión de nosotros mismos.

Así que, la próxima vez que elijamos nuestra comida, preguntémonos: ¿estos alimentos van a convertirme en la mejor versión de mí mismo?